martes, 20 de octubre de 2020

Derecho de Pernada, decadencia del Ius Primae Noctis a la cultura de la violación.

 

(Imagen: Leonardo Da Vinci)


Fuente Ovejuna y el Ius Primae Noctis de la Baja Edad Media

La tan aclamada obra de Lope de Vega  sobre la venganza y linchamiento del comendador Fernando Gómez de Guzmán,  en la baja Edad Media remite a tiempos en que los feudos seguían una línea de dominio patriarcal, centralizada en la figura de los reyes de Castilla Felipe e Isabel. Este drama en principio se trata de la denuncia de los abusos de los comendadores y otros personajes de poder asignados por la realeza.

El poderío del comendero o comendador, era ilimitado, pues era dueño (derecho de posesión) de tierras y personas, derivado de los privilegios de conquista por las armas. Sin duda el abuso y el exceso fueron atributos tolerados en los feudos, pues los siervos estaban destinados a rendir tributo de cosechas y productos, a obedecer mansamente o a ser reprendidos con violencia.

Resumen del drama:

El comendador Fernando Gómez de Guzmán es el asignado por la corona española para gobernar la villa de Fuente Ovejuna, la primera escena tiene su visita de otoño en la que recibe el tributo de las cosechas, semillas, harinas, vino, queso y animales para su merced, así como los elogios del pueblo. Sin embargo al retirarse, envía a dos de sus soldados a atrapar a dos jovencitas del pueblo para entretenerse con ellas: Jacinta y Pascuala, sin embargo ellas se alejan, no sin antes forcejear con los gandules.

Más adelante hay enfrentamientos por la misma causa, con más mujeres del pueblo. Laurencia, hija del Alcalde fue sorprendida por el comendador, pero el joven  Frondoso que llevaba tiempo cortejándola, se aparece y la defiende, toma la ballesta del comendador que había dejado de lado por sujetar a su presa, ambos huyen. El enojo del comendador es patente, pues se le ha dejado en ridículo y buscará venganza posteriormente. Otra  de las mujeres Jacinta la trató de defender Mengo, un aldeano gordito y afable, pero él fue golpeado y ella violada por los soldados y tirada en la fuente donde lavan las mujeres la ropa.

Posteriormente se realiza la boda entre Laurencia la hija del  alcalde del pueblo don Esteban y Frondoso, el enamorado que le había defendido con la ballesta, con todo el pueblo presente. No bien dada la bendición del sacerdote y habiendo entregado en mano del esposo a la mujer, llegó el comendador con el ejército y reclamó su derecho de pernada, es decir reclamar el derecho de pasar la primera noche con la novia antes del marido, además de remarcar la ofensa a su autoridad, toda vez que el novio lo había querido matar antes con su propia ballesta, también lo apresa  para llevarlo a la horca.

La boda se tornó luto, pues la violación de la mujer más importante del pueblo había bajado los ánimos, las mujeres lloraban abrazadas entre sí, los hombres planeaban abandonar el pueblo, pedir ayuda de los reyes, pedirle respeto al comendador. Pero es hasta que llega la recién casada, llena de sangre y tierra en el vestido, como señal de su ultraje que la discusión cambia. Ella habla del deshonor que ha vivido, reclama el descuido de su padre y de los hombres obedientes, del abandono a sus mujeres a manos de los poderosos, que la única forma de librarse de este terror es matando al comendador.

Todos los hombres toman herramientas de labranza como armas, se les unen las mujeres con palos y herramientas  de uso diario y toman el castillo, matan a los pajes del comendador y en la súplica de piedad de Fernando, la mujer ultrajada es la primera que le atraviesa con un rastrillo al tirano, pero todo el pueblo toma parte en su muerte y desmembramiento. Acuerdan que deberán declarar todos lo mismo, que quien mató al comendador fue todo el pueblo.

Felipe e Isabel, los reyes católicos son avisados por un sobreviviente del asalto popular, que  predispone a los monarcas a buscar al culpable. Varias mujeres y hombres son torturados para encontrar el nombre del responsable de la muerte del comendador. Todos responden: fue Fuente Ovejuna, el pueblo entero lo hizo. Deciden los reyes al final perdonarles la vida y les permiten que se autogobiernen, pues juran lealtad los pobladores a los monarcas. La loa final o moraleja es sobre el valor de una mujer y la fuerza del pueblo para defenderse de la injusticia.

Descripción del derecho de pernada como uso y costumbre de la alta edad media:

Se llama iconoclasia al acto de destruir símbolos. El politeísmo y el culto a la madre tierra encarnada en las mujeres era común entre los pueblos precristianos, que veneraban las potencias de la mujer, su capacidad de fecundar y sostener la vida. Toda mujer era digna de ser reverenciada. Las parteras y las abuelas eran personas venerables a quienes se pedía consejo y curación.

El cambio se debió ante todo a la imposición de conquista de guerra. Al llegar en una primera oleada la idea patriarcal el imperio romano y hacer una sujeción de los pueblos, con una tolerancia a sus costumbres, siempre que incluyeran la veneración y tributo al César. Incluyó en un primer momento la violación colectiva y sistemática de las mujeres por parte de los ejércitos romanos. De esta forma se aseguraba una descendencia mestiza, que sometía a largo plazo los poblados y aldeas suscritas a Roma.

La servidumbre se desarrolló en Europa entre los siglos V y VII, en respuesta al desmoronamiento del sistema esclavista sobre el cual se había edificado la economía de la Roma imperial. Fue el resultado de dos fenómenos relacionados entre sí. Hacia el siglo IV, en los territorios romanos y en los nuevos Estados germánicos, los terratenientes se vieron obligados a conceder a los esclavos el derecho a tener una parcela de tierra y una familia propia, con el fin de contener así sus rebeliones y evitar su huida al «monte», donde las comunidades de cimarrones comenzaban a organizarse en los márgenes del Imperio. Al mismo tiempo, los terratenientes comenzaron a someter a los campesinos libres quienes, arruinados por la expansión del trabajo esclavo y luego por las invasiones germánicas, buscaron protección en los señores, aún al precio de su independencia (Federici, 2010).

En una segunda oleada de sometimiento político, la cristianización de Roma se convirtió en una persecución generalizada de mujeres, en la caza de brujas (y brujos), que lejos de ser un mito se encuentra registrada en crónicas oficiales.

En Europa, el ataque librado contra las mujeres justificaba la apropiación de su trabajo por parte de los hombres y la criminalización de su control sobre la reproducción. Siempre, el precio de la resistencia era el extermino. Ninguna de las tácticas desplegadas contra las mujeres europeas y los súbditos coloniales habría podido tener éxito si no hubieran estado apoyadas por una campaña de terror. En el caso de las mujeres europeas, la caza de brujas jugó el papel principal en la construcción de su nueva función social y en la degradación de su identidad social (Federici, 2010).

Las cruzadas en Oriente y  tribunales de corte inquisidor religioso, se concentraron en la dominación de los actos de la mujer, negándole todo el espectro de las actividades públicas, salvo en compañía y en segundo lugar de su padre, marido o hijo. Se persiguieron conductas de incluso décadas anteriores contra mujeres relevantes, a fin de aleccionar sobre lo que sería el orden doméstico y político del mundo cristiano. El imperialismo cristiano aprovechó los usos y costumbres romanos, salvo que la tolerancia religiosa ya no tuvo cabida.

La réplica del dominio de los pueblos entonces se hizo bajo las mismas formas de opresión. El ejercicio del dominio de tierras, de manera pacífica, es la retribución de los frutos del trabajo de la tierra: semillas, queso, vino, comida curtida, mermelada, ganado, abrigos. Y el dominio de las personas a través de la carne, el sexo sometido o tomado a la fuerza de las mujeres del gusto de los señores (varones) asignados por el poder central (los reyes asignan condados, marquesinas, encomiendas a personas según sus lealtades, elevando a sangre real o eliminando el rango, según su voluntad).

La conveniencia de un dios hombre, una jerarquía sacerdotal de hombres y gobiernos reales generalmente de hombres, asegura que las mujeres se sometan jerárquicamente a varios gobiernos: al del señor feudal primero y luego a su tutor (padre o marido), la entrega del padre al marido de la joven virgen es un encargo de cuidado y tutela de la mujer, a quien le queda vetada la emancipación económica (no puede manejar su dote sin permiso del marido), la emancipación física e intelectual (su educación y su estado civil dependían del permiso o decisión del hombre), la emancipación política (su ciudadanía, su domicilio dependían del patriarca).

Tomar posesión de la virgen, es probar al mismo tiempo el fruto de la cosecha y colocar la primera semilla como dueño de los destinos de los siervos, un acuerdo análogo al mito del Minotauro, en el que la sangre de las vírgenes calmaba los ánimos de destrucción de todo un pueblo. El himen roto, la sangre producto de la violación ritual, salvaba de la muerte a su grupo sometido.

El señor mandaba sobre el trabajo y las relaciones sociales de las mujeres, al decidir, por ejemplo, si una viuda debía casarse nuevamente y quién debía ser su esposo. En algunas regiones reivindicaban incluso el derecho de ius primae noctis —el derecho de acostarse con la esposa del siervo en la noche de bodas (Federici, 2010).

Ni siquiera el grupo clerical, antes del siglo XIII queda de manos limpias en esta práctica, pues el celibato es una obligación para el sacerdocio hasta el año 1123, en  que el robustecimiento de la Iglesia implicó la acumulación de bienes de manera centralizada en la jerarquía sacerdotal, pues el nacimiento de bastardos podría minar su riqueza.  Los votos de pobreza, celibato y obediencia fueron en favor del control y protección del Papa y los obispos. Aunado a que el celibato era acorde a la pureza exigida para las mujeres. La presunción obligada del celibato resultó en la doble moral conocida por siglos, ya que la pederastía y el incesto siempre han sido pecata minuta y delitos menores.

La prohibición que la Iglesia imponía a los casamientos y concubinatos de los clérigos estaba motivada, más que por necesidad alguna de restaurar su reputación, por el deseo de defender su propiedad, que estaba amenazada por demasiadas subdivisiones y por el miedo a que las esposas de los curas interfirieran excesivamente en las cuestiones del clero (Federici, 2010).

La población huérfana de su cultura madre y de quienes podían transmitirla hizo que  pudieron quedar a merced del captor. La gente común, que ni hablaba latín ni podía leer, solo podía aprender del clero. Y gran parte de lo que creían saber, ideas como el fuego del infierno y el purgatorio, ni siquiera formaban parte de las Escrituras.

El Ius Pimae Noctis, no se encuentra en la ley escrita de la Edad Media, su registro se tiene sin embargo en la prohibición que hiciera Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII -cosa que no se consigue hasta al menos pasado un siglo-, el derecho viejo castellano, de matriz goda y localista, por la novedad europea, el derecho común romano-canónico, enfocan la violación como delito muy grave, cuya punición pretende reservar para sí el rey como caso de Corte. E indirectamente se refieren al derecho de pernada cuando fijan en quinientos sueldos la multa a pagar en caso de que "alguu ome desonrrar nouho casando ou nouha en dia de voda", ¿qué hombre si no uno poderoso y con ascendiente sobre los novios puede imponer tal deshonra del día de la boda? ¿No prueba este delito la vigencia en el siglo XIII del ceremonial señorial de reservarse a sus vasallas la primera noche de bodas? (Barros, 1993).

La indecisión legislativa denota cierta complicidad a la hora de identificar a los posibles delincuentes; indeterminación que resta credibilidad a la decisión paralela de hacer de la "mujer forzada" un caso de Corte (año 1274). En cambio queda patente que el nuevo derecho no va a favorecer dicha deshonestidad.

Dicha prohibición se hizo gracias a la línea moral marcada por la abolición de las usanzas del islam que permitía la poligamia, así los varones tendrían que tener una sola mujer y los sacerdotes y obispos ser castos y célibes. La Iglesia católica comenzó a uniformizar la virginidad y castidad antes del matrimonio, monogamia, fidelidad y prohibición del divorcio para los fieles. Así como la castidad y celibato de sus sacerdotes, monjes y monjas.

El derecho de posesión de la primera noche (pernada), no era necesariamente forzado la noche de bodas, bastaba simplemente que el señor de las tierras se presentara en plena boda para llevarse a la doncella y regresarla a la mañana siguiente. En cambio, el tomar el cuerpo de las mujeres en los caminos oscuros, solitarios o secuestrarlas a escondidas, viene a ser la decadencia de tal derecho de clase, porque supone la doble moral del señor feudal quien peca a escondidas y lo niega a la luz del día. El símbolo de posesión sobre el cuerpo de la mujer virgen (o incluso de la mujer casada) es el privilegio de dueño. La mujer es propiedad del padre o del esposo, pero antes de ellos es propiedad del señor feudal. Anteponer estas sumisiones a la mujer sin linaje no solo tenía que ver con el Islam, sino con una suerte de tomar el botín en revueltas armadas.

Linchamiento del pueblo, revuelta para hacerse justicia por propia mano

La tan antigua impotencia a los tiranos todopoderosos se torna en un encendido movimiento del pueblo entero para ponerle fin. La legitimidad de esta venganza está en el llanto y el reclamo de la mujer ultrajada, aquella que le quitaron su derecho a elegir a quien dar su complaciente amor, en cambio se le fue arrebatado violenta y torpemente por el comendador.

Laurencia está desilusionada por no haber sido defendida por los hombres del pueblo, está dispuesta a ir por sí misma, la única manera de recobrar la dignidad es matar a quien ha humillado a sus mujeres y a sus familias, pues el barbaján nunca se detendrá, a menos que muera.

La dignidad de las mujeres en la voz de Laurencia es arquetípica del alma encerrada en una ciega y destructiva obediencia a la figura del tirano déspota, que representa la decadencia y el abuso del poder del Comendador Fernando Gómez de Guzmán. Análoga al hilo rojo de Ariadna para que Teseo haga su parte.

Lo cierto es que estas pequeñas revoluciones de siervos contras sus señores feudales se dieron a lo largo de los diez siglos de la edad media:

Hacia finales del siglo XIV, la revuelta del campesinado contra los terratenientes llegó a ser constante, masiva y, con frecuencia, armada. Sin embargo, la fuerza organizativa que los campesinos demostraron en ese periodo fue el resultado de un largo conflicto que, de un modo más o menos manifiesto, atravesó toda la Edad Media (Federici, 2010).

La dignidad de las mujeres es la dignidad de los pueblos. Análoga a la tierra que sustenta, se cuida de ellas, la que sostiene la vida que se siembra en ella, pero tanto el mito bíblico como el coránico  el hombre es el que conquista y su simiente es sagrada. La descendencia se da a través de la línea paterna, por lo que se cuida en principio de ellas, para que la genealogía de él sea pura.

Análoga a la tierra conquistada por las armas y sus pobladores sometidos, la pernada y la violación, son el ejercicio del poder masculino del dueño, una suerte de demostración del mando. Las mujeres como territorio y los hombres como los propietarios. El desposamiento coloca en el matrimonio cristiano a hombre y mujer como iguales en dignidad. La mujer puede negarse, a aceptar el cortejo o al matrimonio, mientras el varón tiene que ser insistente, creativo. En este sentido, la servidumbre pone en igualdad a hombres y mujeres, la mujer suelta o soltera podía decidir, opinar, tener libre tránsito, aunque por capítulos se le viera en estas situaciones. En esta obra en particular, Frondoso se convierte en héroe al salvar a la doncella Laurencia del depredador, es la oportunidad de demostrar la nobleza de sus intenciones.

Las mujeres de la historia, son jóvenes que saben el carácter depredador del comendador, y que ellas no están dispuestas a estar con él, por su dignidad, que no quieren perder. Someterse no es algo atractivo para ellas, se defienden cuando tienen la oportunidad y sus amigos en el campo ven por ellas. Sin embargo, el orgullo (no el honor) del noble se ve confrontado con el rechazo, incluso llega a sorprenderse porque no está acostumbrado a que se le niegue nadie, con armas y soldados las toma por la fuerza, porque ya lo había decidido, para estos hombres de poder vale lo mismo la seducción que la caza de la presa, el sometimiento por la fuerza es un aleccionamiento para mantener con ánimo bajo al poblado.

La boda se vuelve luto, cuando arranca la felicidad de los jóvenes desposados por el luto de la violación de la dama y la sentencia de la horca del esposo. La rabia de ella al volver, cambia la resignación del pueblo y enciende el hartazgo, el deseo de terminar con la humillación.

Cortar la cabeza del tirano es acabar de tajo con el malestar que les aquejaba. Libres de aquél están dispuestos a defenderse unos a otros para pedir la misericordia real.

Los reyes les perdonan y además les emancipan de la tutela de cualquier nuevo comendador, pues dar cuenta de los excesos también les menoscaba su propia gloria.

El machismo como la nueva forma de pernada

El lenguaje sexista que permite minusvalorar a la mujer que tiene relaciones sexuales, en frases condescendientes como: honrada deberías estar de que me fije en ti, ella es la tonta que se dejó, a mí no se me va una viva, es un simple eco de esta cultura de despojo de la mujer en su importancia par. A mayor rechazo, parece que se ensaña la violencia y hasta la muerte como lección del poder destructor del varón herido en su hombría.

La ambigüedad existente en los procesos de denuncia de violación, deriva del prejuicio de que la mujer miente o quiere desquitarse del varón. La violación entre esposos o parientes cercanos son las posiciones más difíciles de denunciar, pero también de darles credibilidad.  En un país en el que diariamente se confirman 30 embarazos infantiles (niñas entre los 12 y 16 años) producto de incesto y de matrimonios infantiles con hombres que les doblan o triplican la edad. La contraparte del machismo es la misoginia, al favorecer en criterio a uno de los géneros, minusvaloramos al otro.

El encubrimiento familiar, institucional y social que generalmente se da cuando se toleran conductas de acoso de hombres mayores a mujeres jóvenes, niñas y a adolescentes, pues supone que descubrirlos o acusarlos abiertamente le hará daño en su reputación. Se coloca en cambio presión a las mujeres para que se den a respetar y se les culpa si son envueltas en situaciones de acoso o relaciones desiguales. La desnormalización de la pederastía es crucial para cambiar el manejo de la igualdad en lo doméstico y en lo sexual.

Reflexionar sobre esta práctica, es por supuesto detenerse en el derecho de las mujeres y niñas para vivir una vida libre de acoso en todos los ámbitos de su vida y proponer maneras de relación paritarias en el que el consenso mutuo derribe al fin la idea del dominador y la presa.


 

Bibliografía:

BARROS, C., Rito y violación: derecho de pernada en la Baja Edad Media, Universidad de Santiago de Compostella, Historia Social, n° 16, Alcira-Valencia, 1993.

FEDERICI, S., Calibán y la Bruja, Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de sueños, 2010.

LOPE de Vega, J. Fuente Ovejuna. Descargado de Biblioteca gratuita el 04/10/2020 de http://www.ataun.eus/BIBLIOTECAGRATUITA/Cl%C3%A1sicos%20en%20Espa%C3%B1ol/Lope%20de%20Vega/Fuenteovejuna.pdf

 

 

 

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