miércoles, 9 de octubre de 2013

Sin verdad qué defender


Escribo lo que pienso, y pienso en ti, en tu piel morena y en tu olor de masa de maíz,  la suave lozanía de tus treintas, el peso de tu pecho sobre mi pecho, pienso en el mundo sin palabras que construimos en dos días.

Temo que este día será soberbiamente largo y que verte no signifique nada después de lo que pasamos. Temo que una vez llegada la cima de nuestra escalada romántica comience a desdibujarte de mi deseo día a día, pretendiendo que todo fue un sueño, que quizás lo inventé.

La verdad es que no hay verdad que defender, no hay delito que perseguir: una vez degollado el cabrón en la mesa de sacrificio y saciarse con su sangre, no hay a quien salvar, nada que rescatar.

Te dejé vacío y con el cuerpo recargado en un extremo de la habitación. Me devoré tu sexo y tu corazón como frutos maduros, te exprimí cada gota de semen con mi boca, con mis manos, con mi vulva.

Que gourmet es el asesinato del amante a través del deseo, a través del amor expuesto en la cama. Deshojarte a besos, arrancarte la ropa morderte, colocar la lengua en todas las partes que me lo pediste y me lo permitiste.

Pero pienso en ti, en cuánto te he disfrutado y cuánto tengo que olvidar.

Ayer me contemplabas con amor, pero hoy no quieres ni mirarme, y lo entiendo, porque demasiado exprimí tus emociones, porque el verme te cuestiona los días recién vividos y te enfrentas a todas las preguntas que te hice. Pero tus ojos redondos volverán a sujetarme en su mirada, cuando se asiente y tomen su lugar todas las cosas.

No soy nada más que viento que te empieza a empujar,  estás atado a mi ombligo, vuelas alto, pero siempre alrededor mío, y por eso me miras a hurtadillas, me buscas de lejos, reconoces mi risa.

Corre lo más lejos que puedas y respira, porque nos queda mucha historia por delante, más de la que puedes visualizar. Yo tengo la paciencia del río, siempre en el mismo lugar y siempre renovada. Sabes que mis aguas te calman, pero también envenenan. Sabes que estás intoxicado hasta la punta de los pies.

Pasada la resaca volverás.

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