domingo, 18 de mayo de 2014

Los Duques Bojan y Elisher

La vida marital de Elisher, al lado de su guerrero al principio resultó ser un paso lógico de los viejos amantes. Poco a poco la madura belleza de Ella se fue suavizando ante la paciencia de Él. Aprendieron a compartir las tareas diarias, hasta que se toleraron los humores y las malas costumbres de cada cual… ni siquiera se dieron cuenta de que el sol y la luna de a poco los había visto envejecer, paralelo a este tiempo, el niño noble iba creciendo hasta convertirse en un hombre, que igual sabía cocinar, que manejar una espada, o bordar un amuleto como el artesano más diligente.

Cumplidos los dieciséis años del niño, y los ocho del matrimonio, en el pequeño reino se hizo un edicto que afectaría a toda la región, donde se solicitó un impuesto excesivo a todos los que no fuesen de sangre real, por vivir en esas tierras, aquellos que no pudieren hacer frente al costo deberían donarlas voluntariamente so pena de ser expulsados y esclavizados a disposición del  rey.

Un pueblo tan golpeado por las revueltas internas y las invasiones de la guerra de casi cuarenta años se había empobrecido, no solamente de recursos, también había perdido antes a sus hombres más valientes. Los aldeanos se resignaron, pues  en su mayoría eran  ancianos y niños, muchos hombres fuertes habían muerto en las guerras, los que quedaban estaban mutilados, tuertos, hastiados. Muchas familias emigraron, algunas otras sin esperanza se entregaron junto a las tierras como posesiones del rey. La esclavitud y la mendicancia se hicieron condición general.

Elisher aun guardaba las joyas que la reina le diera, al menos la mayoría. Cuidó de desarmar las piezas y conformar estructuras distintas con un joyero, desde hacía años, previendo que la realeza podría recuperarlas. El momento de usarlas era ahora, se convertían en  pago de la propiedad, su título y su pacífica estancia. Ante tan espléndido pago y con el desconocimiento del origen de ese tesoro, el Rey se complació tanto que  les nombró Duques Bojan y Elisher, sus tierras se extendieron tres veces sus límites originales, sus vecinos más próximos le fueron entregados como siervos en pago por su lealtad para que cuidaran la prosperidad de sus tierras y le auxiliaran en las tareas cotidianas. 

Su esposo, ahora Duque, levantó con sus siervos una muralla alrededor de sus tierras, pues los levantamientos armados eran cada vez más  cercanos y amenazaban con llegar pronto. Los siervos, lejos de sentirse sometidos, se alegraron de tener la protección de sus viejos vecinos, al haber sido restituidos en sus viviendas. La Duquesa por su parte extendió la siembra de huertos para asegurar el autosustento de estas gentes,  generaron un estanque, con el agua de los pozos, que se conectaba con un canal interno para proveer de agua a todos los habitantes y el ganado se movía libremente por toda la comarca, pues creía más noble intentar cazar a un animal libre que tenerlo cautivo para sacrificarlo simplemente. Sus animales la reconocían y la seguían con regocijo cuando caminaba por sus tierras, pues siempre les llevaba obsequios o les prodigaba caricias.

La madura Elisher sabía que sus años estaban contados y le preocupaba el futuro de aquellos a quienes tenía encargados. Bojan, por su parte, procura que los muchachos aprendieran a utilizar lanzas, espadas y escudos, pues no estaba de más estar preparados para ese final que ya había predicho la duquesa desde mucho antes de estar juntos. Con suerte su destino no sería la muerte.

Los duques dormían abrazados, noche tras noche, y tenían el rito de compartir la mesa en el desayuno y la cena. El heredero comenzaba a explorar más allá de sus tierras y a sus diecinueve tenía solicitudes para conocer otras familias nobles y propuestas para emparentarse. Prudente, como había sido educado siempre daba lugar a la opinión de sus padres, antes que una respuesta directa… hasta ese momento siempre había sido un NO.

En ocasiones, la pareja se quedaba a solas, platicando largamente, caminando entre los huertos. El ex guerrero sabía que ella todavía albergaba algo de rencor en su corazón y casi estaba por convencerla de que abandonara el último capítulo de su venganza, pues a fin de cuentas su hijo no se definía por el origen de su nacimiento, sino por la crianza que habían podido  darle.

Elisher sigue siendo la poderosa mujer,  quien platica con su espejo de agua cada noche y hace ofrendas de fuego a los elementos. Aún después de haber acumulado canas y arrugas y mira con ternura a su marido, pero sin permitirle decidir por ella. A fin de cuentas el único acuerdo que toman es que ella no usará al hijo, pero ya es hora de advertirle su origen, para evitar un matrimonio incestuoso.

La hora había llegado entonces, la corazonada de que no vería a su hijo era un riesgo que debía tomarse, pero a fin de cuentas era el momento de enfrentar la consecuencia de las decisiones anteriores.

--No sé a dónde podremos llegar con esto Elisher querida, pero pase lo que pase yo continuaré a tu lado y hasta daré la vida por ti si es necesario (dijo el Duque Bojan sin dudar). Nunca estuve por las riquezas, sino por ti. No me arrepiento de haber envejecido a tu lado, en tus brazos, pero sé que como se acaba el día y llega la noche, así este cielo que ha llegado a su esplendor tendrá también su decadencia.

--Bojan, llegaste a mi vida cuando no quería un marido y aceptaste ser mi amante oculto por muchos años, respetando mis pasos, protegiéndome y cuidándome día a día. La vida nos sonríe ahora, pero sabemos que no hay caminos sin fin, y quizás el nuestro esté llegando a su fin, al menos como lo veníamos andando.

El joven tomó asiento en la mesa y notó el aire distinto que les contagiaba. Pero conociendo a su madre, decidió por comentar que le habían invitado al baile de gala y que necesitaba el consejo sobre cómo ir vestido y si sería prudente llevar algún siervo disfrazado como compañía… o aún mejor, disfrazarse de vasallo y dejar que tomen al siervo como el noble.

El duque se rió de buena gana y le dijo: -- “¿Cómo se sentiría alguien que fue educado con un disfraz, representando el papel de quien nunca fue?, ¿acaso sabría comportarse como realmente es?

El muchacho se rió a carcajadas por un buen rato, junto a su padre, comentando el tipo de actitudes del siervo como noble y el noble como siervo.

Elisher, después de reir con ellos, al fin suspiró y dijo:
_Hijo, si esto no fuera broma, sino una cosa cierta. Si acaso fueras rey y te eduqué como aldeano… ¿qué sentirías?
-Madre, no me hagas reir más me duele la barriga, no puedo hacerlo más.
_Ya no es broma lo que digo. En verdad, y aunque yo tengo origen real, no es en este reino y yo no tuve hijos, pero te crié como mío.

De golpe cesaron las risas y el rostro del muchacho pasó a ser la de sorpresa.
Bojan esperó un momento para decir:

_Si Ella no te hubiera rescatado al nacer, hubieras muerto en manos de tus familiares, nadie te quería saber vivo, pues tu padre verdadero murió en manos de un enemigo.

El joven se llevó las manos a la cabeza y los miró incrédulo, asustado por lo que oía.

Elisher continuó:
__Tu madre me entregó un niño en brazos para evitar su muerte y ella esperó a los verdugos, no sin antes beber veneno para no revelar jamás tu paradero. Pero eso no importa, tu Tío que ahora es Rey mató a ocho hermanos para que ninguno compitiera por el reino con Él, y con esos ocho hermanos se derramó la sangre de las esposas y de los hijos, con tal de que nadie pudiera reclamar su linaje. Es curioso, que las joyas de tu madre te devuelvan un lugar en el linaje real, ahora de las manos del verdugo de toda la estirpe.

__Madre, no sigas
No quiero saber de una familia que pudo matarme, cuando ahora sé que no pude tener mejor cuidado que con Ustedes.
Necesito tiempo a solas, no quiero saber más. Voy al lago a acampar unos días. Necesito pensar.

Los duques se tomaron de la mano e hicieron una reverencia a su hijo de crianza y lo dejaron ir, instruyendo a un siervo de seguirlo de cerca y avisar en caso de que algo hiciera falta.


Elisher se recargó en el pecho de su marido y lloró por los años nobles que acababan de terminar. El acarició la cabeza de Ella mientras miraba a la ventana. La última guerra estaba por comenzar.

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